VIOLENTANGO

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“Vanguardia no es tocar con máquinas”
Cultivan un nuevo sonido; han vendido 17.000 discos en la calle
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Adrián al bandoneón (Foto: J. Fabián Castillo)
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Nota periodística
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Valeria De Caprio. “Miramos hacia atrás y vimos que no había nada. Empezamos a buscar luces y amigos. Nada. 3 A.M. en Buenos Aires, las calles hablan solas. Un viejo tango triste. Solo un tango viejo y triste. Nos encontramos en el bar de siempre, las mismas caras, la misma sensación. Siempre. Y ahí supimos que era momento de buscar nuevos sonidos, nuevos ritmos, dejar fluir la violencia interna que todos tenemos dentro. Sin represión. Un nuevo tango se escuchó esa noche. Y todos sabemos que está pasando algo con el tango.”
Y eso que está pasando con el tango no es otra cosa más que Violentango. Una “pequeña orquesta” que suena con la potencia de las más grandes, un grupo de amigos que no supera los 28 años de edad y que le está imprimiendo una bocanada de aire fresco a la escena tanguera mundial.
Un nuevo tango que nada tiene que ver con las muy trilladas fusiones que se han venido dando últimamente entre tango y electrónica. Un tango que huele a rock, pero que mantiene latente el espíritu ciudadano y tanguero.
Juan, guitarrista de la "pequeña orquesta" (Foto: J. Fabián Castillo)La historia de Violentango se remonta a 2004, cuando el bandoneonista Adrián Ruggiero y los guitarristas Juan Manuel López y Camilo Córdoba formaron Violentrío, y después de tocar en la Patagonia argentina decidieron probar suerte en Europa. En el 2006 Camilo encaró un nuevo proyecto y se desligó de Violentrío. Nació entonces Violentango, con Santiago Córdoba, hermano de Camilo, en la percusión. En 2007 se les unió el guitarrista Andrés Ortega.
A día de hoy, Violentango ha hecho ocho giras: cuatro por Argentina y cuatro por Europa. Ha tocado en Polonia, Suiza, Francia, Italia y, por supuesto, en España, donde estos músicos suelen montar su “base de operaciones” cada verano, en la ciudad de Barcelona.
Con un modelo de autogestión han logrado vender 17.000 copias de su disco “Buenos Aires 3 A.M.” y causan sensación allí donde se presentan, ya sea en la calle, en un festival, en un bar o en un teatro.
Tribuna Latina
habló con los chicos de Violentango, que acaban de cerrar una gira de tres meses por Europa con un memorable concierto en la Sala Beckett de Barcelona.

El grupo en pleno en la Sala Becket de Barcelona (Foto: J. Fabián Castillo)

¿Cuáles son las diferencias que encuentran entre tocar en la calle y tocar en un bar o una sala?

Juan: En un punto es todo lo mismo. Pero bueno, hay diferencias. ..

Adrián: La infraestructura es la primera. La segunda es el silencio.

Juan: La tercera es el objetivo, vos pasás por un lugar tratando de llegar a algún otro. Y si ahora paso por una sala, en ese camino de mi imaginación, queda menos camino hasta River Plate. Digamos que mirando desde aquí para adelante, no veo más calle.

¿La gira que hicieron estos tres meses incluyó muchas cosas de calle?

Adrián: El 90 por ciento fueron festivales de música de calle.

Juan: Pero en un punto, es como que no estás tocando en la calle. Hay gente con un programa en la mano que te viene a ver, que te está esperando.

Andrés: Es más un festival. La calle es ir por la calle, es estar en una esquina, haciendo música y molestando al tipo que está yendo a laburar, o no. Estás en ese lugar sin ningún marco de nada. Cuando hay un marco ya es distinto, hay 150 millones de cosas de las que no te tenés que preocupar, porque ya se preocupó otro por vos. Que no te quite la Policía, que la gente sepa a qué hora tocas, de dónde sos, qué música hacés. Con todo eso el contexto hace que estés en un festival. La calle es el escenario. Hay alguien que organizó un show.

Adrián: Y te digo más, nosotros debemos ser uno de los pocos grupos de los festivales callejeros que en realidad tocamos en la calle. La gran mayoría son grupos que no tocan en la calle, son grupos que no curtieron calle. La mayoría de las bandas con las que estuvimos en los festivales no tienen la necesidad económica ni la visión artística que tenemos nosotros.

¿Creen que la gente cuando los va a ver tiene una idea preconcebida de qué pueden encontrar? El nombre ya refiere bastante, ¿no?

Adrián: Yo creo que cuando uno va a ver un espectáculo y ese espectáculo tiene un título, ya una idea uno se hace. Esa idea puede luego ser falsa. Por lo general, Violentango no cumple con lo que la gente se imagina y eso es lo que hace que nos esté yendo bien. Vemos que nos preguntan “qué hacen” y ahí aparece el tema del tango de vanguardia, que no es electrónico y entonces explicamos que lo fusionamos con rock, que nos gusta tal banda y tal otra.

Juan: Eso pasa mucho, porque muchos creen que cuando se habla de vanguardia se habla de máquinas y la vanguardia no tiene nada que ver con eso.

Adrián: Yo creo que lo más notorio es que Violentango tiene un laboratorio diferente al que tienen las bandas de tango electrónico, que tiene que ver con nuestra forma de pensar el arte, para nosotros cada nota tiene vida, pocas veces dejamos las cosas al azar. Hay cierta gimnasia en lo que hacemos nosotros y lo que podés ver es que esa gimnasia la hacemos cuatro tipos y no una computadora.

¿Cómo manejan el tema de la autogestión? ¿Lo hacen por decisión propia o porque no cabe otra?

Adrián: Es un ida y vuelta, en realidad. Autogestionamos por decisión y por ideología, sobre todo. Nosotros cuidamos mucho lo que hacemos, y si con una firma en un papel le regalas el equis por ciento a alguien que sólo te quiere chupar la sangre, hay un punto en el que nos estamos dejando de cuidar por ambición.

¿Creen que es posible crecer y ser autogestinados?

Juan: Tenés el caso concreto de los Redondos (Patricio Rey y los redonditos de ricota). Puede existir una quinta persona que nos dé una mano, de hecho hemos tenido en nuestra gira en Córdoba dos managers que nos permitieron conseguir un montón de cosas. Pero son nuestros amigos y se llevan un porcentaje.

Andrés: No descartamos nunca nada. De pronto aparece una persona en un lugar que te hace una propuesta particular para alguna cosa. Sería estúpido no hablar con nadie, no podemos estar los cuatro encerrados en un cuarto tocando y sin salir, hay que salir, el tema es de qué hablas. El tema es qué es lo que se negocia, si viene por ejemplo Sony y me dice cómo me tengo que vestir, cómo me tengo que afeitar, qué tengo que decir, en qué lugares tengo que tocar, ya con eso no transo.
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Publicado por Cesar Maciú para AireS De BaireS
prensa y comunicación
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